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Anarquía

                   ©Inma Marqueta

Zumbaron las abejas

abandonando sus celdillas al amanecer.

la primera en desertar

fue la abeja reina,

Dejando al mando a zánganos y obreros

que enseguida proclamaron

la anarquía absoluta.

 

El segundo en sublevarse

fue el príncipe heredero

cansado de parecer un príncipe valiente,

de tener una princesa Barbie como esposa

y ser portada de revistas.

Así que abandonó el reino

cediendo el puesto a su cuñado,

Afamado gigoló de moda desfasada

surgiendo así el caos, el desorden total.

 

El bosque desaparecía entre el asfalto,

los lagos y los ríos

sólo eran fuentes en los campos de golf,

los árboles, tesoros de museo

y los pájaros

atrapados en vitrinas insonoras.

 

Todo era higiénico y estéril;

el rey de la selva

sólo un símbolo fatuo del pasado.

 

No existían tronos, cetros, ni coronas.

No había poder, gobierno, ni mando.

 

Vinieron cuatro jinetes,

la anarquía tenía que ser castigada

y el mundo rescatado de las mieles de su libertad.

Cuatro jinetes y un sable

quienes dieron a beber

cicuta con amapolas,

martirio de un nuevo mundo.

 

Un mundo de destrucción,

de torturas, exilios y ejecuciones,

destrozado, simplemente,

destrozándose así mismo.

 

 

 

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