Reservados los derechos de autor

 

  De amigos, genios y musas... 

      volver al inicio                                      volver 

      ©Miguel Angel Marín Uriol

A LA LUZ DEL LABERINTO

Institución Fernando el Católico- 1992

        

De todo lo vivido queda lo intemporal

Para expresar la luz me traerán las sombras

nostalgias pensativas de lluvia madrugada

y un jardín sonriente de largos corredores

donde encender las lámparas de niebla y madreselvas.

Es la imagen que entorna cada ocaso

para hablarme al oído de un nocturno viajero,

de misteriosos sueños, de flores plateadas

en un bosque de césped y tréboles sin límites.

Un fuego en que las manos

enraman inefables

resplandores ocultos y cometas fugaces en el humo.

En esta noche abierta

las estrellas desvelan las cumbres de lo amado.

Abajo, la arboleda oculta un sol recóndito,

un sol recién nacido de pinos goteantes. ¿Lo recuerdas?

Los lirios cristalinos, entre las azaleas,

derramaban con júbilo un corazón de pájaros sentidos .

Sólo lo eterno tiene sentimientos alados.

¿Lloraba en el abismo el alma del invierno?

¡Oh, vereda de estíos, muda siempre

en el confuso claustro del instinto!

Se trocaba en tesoros la profusión de los enigmas.

Soñaba un río limpio imitador de náyades y vientos,

cuando graves crepúsculos me mostraban atajos interiores

y surgió la mañana,

aquello cotidiano que exaltaba esplendores

en el agua y el aire,

un sentimiento mío de encantos que trocase

las flores obstinadas, la alegría

en un anhelo único oculto en la ventura.

De todo lo vivido queda lo intemporal.

 

Quizás en la nostalgia está lo eterno.

El infinito es lúgubre.

Dale tu transparencia y sea el eco

Portavoz encendido en las torres distantes;

en los dormidos copos de los álamos,

a galope en la noche sonámbula del alba.

 

 

  Reservados los derechos de autor

      volver al inicio                                     volver