©Miguel
Angel Marín Uriol
VERUELA
EN CONCIERTO
2007
Sin
retablo
Hay
flores en la piedra,
caminos desandados,
estancias
redentoras, fragmentos de
clausura,
duelos
insospechados del último
romántico,
y
una huerta de amor en las cenizas.
¡Tantas
cosas perdidas en el claro fulgor
de la mañana!
Las
escalas del humo, el incensario
son
fruto de alabanza en los romeros
que
a la contemplación de un monte
ponen huellas,
ponen
sueños de amante en sus regazos
y
un cántico ignorado en la girola.
Ya
próximas las cumbres
sobrecoge
su pétrea erosión,
mientras,
un pajarillo, canta, vuela,
sobrevuela absorto
el
caro monasterio del arte y del
silencio
flotando
entre los nidos que encadenan un
cielo.
Es
hora para un todo de eternidad en
surcos
labrados
con pasiones que imitaron las
flores
engarzadas
en trémulos delirios,
en
espigas del oro y la blancura
y
candelas acuáticas de un fuego
inalcanzable.