De
todo lo que se ha dicho,
estas
últimas verdades te
describen:
Que
eres un ciudadano de
alcantarilla
con gustos diferentes;
un
vago con ética,
un
ser con rostro y sin nombre.
Que
tu armonía…
escrupulosamente
se
halla en la sombra que cae
al
acantilado,
o
en la sombra que duerme
bajo
los puentes,
o
en la sombra, que llora en
la
herida orillada del mar…
Que
tu alegría la cargas en
los
bolsillos…
junto
a tus manos y a la gran
honda
angustia que contrapone.
Que
eres sonido oscuro
y
volátil,
o
luz silenciosa
y
sórdida,
como
un heraldo de la muerte,
o
la sombra diáfana que
emana
de este.
Que
muerdes los sesos
de
idea a sueño y viceversa,
y
saltas lunecente
y
radiante
y
escarmentado.
Que
nada te complace
a
menos que sea nada
y
eso es suficiente.
Que
tus coetáneos…
son
los del tiempo infinito
o
como el viento
o
como la elegía que lo
genera.
Que
tienes alma de nube y
la
orientación de ella.
Que
todo lo que tienes
no
es tuyo,
pero
llegó a ti
para
ser propio.
Que
la onírica afección,
pulula
en tus ojos
divinamente
ascendidos,
diariamente
transmutados,
solo,
circumplejo.
De
todo lo que se ha dicho,
estas
últimas verdades
te
describen.
Y
un poco más…
Que
has nacido
para
ser un hombre
íntimo
y privado,
inconmensurablemente
detallado.