Reservados los derechos de autor

 

  De amigos, genios y musas... 

      volver al inicio                                    volver 

 

Retrato de familia

 

© María Otal, 2001

 

 

            Subía a la estación, como todas las tardes, esperando la llegada de ése hijo que nunca regresó de la guerra y que había partido años atrás en ése mismo tren.

 

La falda larga y hueca, siempre oscura, el delantal doblado y agarrado por una punta a la cintura, como todas las mujeres del pueblo, ésas que son amas de casa y madres ejemplares, esposas dignas y abuelas prematuras, ésas que habilitan cada hogar. La pañoleta bien puesta, asi, como en su mocedad, tersa y monocroma.

 

Si, ésta era mi abuela.

 

Una mujer dura y gruñona, que recuerdo siempre enlutada, cuando no era por sus padres, era por algún hermano y sino por algún pariente lejano, que nunca faltaba un familiar a quién llevarle luto. 

¡Sempiterno negro!

 

Cuando mi cerebro evoca ése color, siempre está con ella, va acompañado de mi abuela, o ella del negro, emparejados, como si de una sola pieza se tratase. El color negro tiene el perfil de mi abuela, el olor de mi abuela y el tacto suave y cálido de ella misma. Tiene su acento y creo que hasta su mal genio.

 

Enviudó joven, diez años después de la guerra, trece después de despedir en la estación de tren al hijo que nunca volvió y que jamás imaginó muerto. Se quedó sola, bueno, con mi madre, que era su primogénita y su único castigo, porque mi madre había heredado su puñetero carácter y estaban todo el día enzarzadas en batallas sin tregua. Se quedó sola. Ya cuando mi abuelo le dijo que tenía la obligación de ir a la guerra, y además con los rojos, ella se empecinó en sentirse más sola todavía y así lo proclamó a los cuatro vientos.

 

-Qué rabia -decía -No tener calzones que ponerme y salir al monte a pegarles cuatro tiros a ésos fascistas de mierda.

 

 Así que, a puro de proclamas y diretes iba y venía por el pueblo, trabajando a lomo caliente, e inventando estrategias para derrotar a Franco. Luego llegó "La quinta del biberón", su hijo con dieciséis años se alistó al ejército republicano y se fue a la estación de tren, seguido por mi abuela que, ato al ristre, le daba los últimos consejos -Ten cuidao, hijo mío, ya escribirás y si te pasa algo, házmelo saber.

Se fue el hijo una tarde de febrero de 1.937.

 

Su casa fue como una prolongación de sí misma, fuerte, vieja y fría; situada en la parte baja del pueblo; retraída se alzaba a los cuatro vientos.

 

Esa casa fue la ilusión de mi infancia, el patio de recreo más interesante del mundo, hoy que soy abuelo, vivo en ella y veo jugar a mis nietos, me siento poderosamente unido a mi abuela.

 

A las siete menos cuarto, todos los días del año, entraba en su alcoba, se colocaba hábilmente la pañoleta sobre su moño cano y con paso firme cruzaba el pueblo en dirección a la estación del tren. -¿Cómo va "señá" Rufina?, jHola Ramoné!, iNiño, no tires piedras que le puedes hacer una cuquera a alguíen!. Todos los días, sin faltar uno siquiera; a veces yo la acompañaba, pero en mi inocencia, sentía una especie de pudor a ir cogido de su mano y procuraba esquivarla.

 

Pasaron los años con ésa rutina, mi abuela, su hijo, el tren... el tren, su hijo,  mi abuela…

 

Un día de no recuerdo que año, se sentó en el banco de la estación, como siempre, hasta que pasara el último tren, pasó, pero mi abuela seguía inmóvil mirando el horizonte sentada en el banco, alguien la saludó y al no obtener respuesta se acercó hasta tocar su hombro. Estaba muerta. El mismo tren que le robo al hijo hacía tantos años, se había llevado, también, su último aliento. Fue muy triste.

 

Al día siguiente, después del funeral y el entierro, mi madre decidió retirar algunas cosas de casa de la abuela y trasladarlas a la nuestra. En el suelo, una carta parecía esperarnos.

 

-Sentimos tener que comunicarles la muerte de S. G. , acaecida en el frente de Sariñena y que luchó y murió como un valiente. Nuestro más sincero pésame.

 

                  En el frente a 18 de Agosto de 1.938.

 

 

 

  Reservados los derechos de autor

      volver al inicio                                    volver