Sus ojos cierran relámpagos.
Del ímpetu del fuego
a la quemazón del hielo
hay una insignificante línea
fortuita
donde uno aprende a
convencerse.
Del sueño finito, las raíces
juegan con su pecho de
hojalata
que parece destruirse…
Ave Fénix de ida y vuelta,
imperdiblemente exacto;
fiel como el propio latido.
QUIERO SER COMO TÚ
Señor, tú que me has relegado
como a muchos otros…
a tantos como pasan a mi lado
y no reconozco,
ni siento, ni acompaño,
ni siquiera miro.
Déjame una señal
para ser como tú,
para hablar como tú,
olvidar como tú;
una muestra de tu existencia,
una sombra tenue de la figura
mística
de tu cuerpo mortal.
Déjame escuchar, Señor, tu
voz,
la que nunca me habla
y sé tú, quién implore
el respeto que debo a mis
semejantes,
aquéllos que me humillan a
diario
con sus guerras infames,
con sus muertos valientes,
o ese trozo de pan
que se seca y lo comen los
cerdos,
mientras gana la hambruna
territorios inmensos.
Déjame una señal
para estar como tú,
para callar como tú,
para dormir como tú…
una razón simple para cerrar
los ojos
sin remordimiento,
para esperarte, si es que
eres, sin desilusión
y cruzar esa línea infinita
que trazaste en el tiempo.
…¡Y creerte, Señor,… y
creerte!
Porque es triste mirar hacia
arriba
y estar solo;
volver los ojos
y seguir estando solo…
No hallar respuesta, ni calor,
que repare los miedos
que me impiden hablar.
Quiero sentir como tú,
soñar como tú,
amar como tú.
Tal vez si lo logro, ese día,
aprenda a rezar.
****
Los días que se tuercen
parecen imperfectos.
Como un rosario
al que le faltase un misterio
o aquél pluviómetro
sin escala.
No es difícil encontrarlos
todos tienen un mismo
desvarío,
son días impuros,
impíos,
imprevisibles,
días inmensos,
inmersos en la vorágine
de lo imposible.
Acaso,
¿tú no los conoces?
*****
Acaso
los caballos huyeron en la
noche
encontrando las trabas de su
melancolía,
acaso
los guijarros que rompían los
cascos
fueron simplemente polvo en
las crines
del
paisaje obligado en la huída.
y los
golpes del peso
traqueteo indomable del hierro
y la piedra,
el
camino una trampa
que
dejaba en libertad el
relincho;
aunque cuesta creerlo,te digo,
que
en el fondo del valle
a
través de los montes, se oye
un lamento,
que
con voz de caballo se propaga
y el
eco descerraja en el pecho.