Tu
nombre es una grieta en la
pared de mi tristeza,
un hueco en el vacío,
se extiende el
horizonte en los cristales
y desaparece con la
niebla…
nada hay más allá,
la superficie tersa del
papel
y un nombre
__vacío de entidad, sólo
sombra,
rastro de tinta en el
papel__,
un nombre y una fecha
y luego nada;
quise rescatar un tiempo
la memoria
y ya era ida:
no hubo vuelta atrás
sólo los cantos de
sirena llegaban desde lejos
y yo aherrojado al
mástil de los sueños,
amarrado al duro banco
de los días,
ciego y sordo a tu
llamada…
el tiempo no perdona los
errores,
y sin embargo,
la lluvia me trae a la
memoria de mis dedos
el suave roce por la
piel de los deseos,
el eco de tus pasos,
tu imposible llegada…
tan sólo si pudiese,
disfrazado de Orfeo,
cruzar el umbral,
beber las aguas del
olvido,
podría alcanzar a
rescatarte de tal suerte
con sólo pronunciar tu
nombre…
__ ¡Eurídice!__
pero no hay más:
los pasos que me
alejaron de tus pasos
marcan la distancia que
separa las dos orillas
y vuelven cada vez, en
forma de ansiedad
a borrar el cerco de
ceniza,
un mordisco más que me
aproxima
al abismo donde esperan
las garras abiertas del
olvido,
el golpe vacío de la muerte…