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Aunque tras su ventana no tiene vedado el uso
del kohl ni del almizcle, ni la ternura de
quien puede dar y no sólo arrebatar la vida,
ese mirar, que aún conserva la inocencia de las
fotos de primera comunión, ya no puede refrenar
el grito.
Esos ojos silenciosos, que esperaban cada día
la clemencia del que se cree su dios, han
decidido salir de su prisión inescapable, y
están a punto de hablar…
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