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Galería de arte ©Pilar Aguarón Ezpeleta

Desde los veintidós años  me he dedicado a pintar emociones a través de miradas  y  paisajes  sin sombra y sin gente. En este tiempo he hecho más de sesenta exposiciones entre individuales y colectivas.

 

Para mí pintar no es un divertimento, me desgarro en cada pincelada. Reconozco que esos rostros femeninos que nos miran desde el lienzo no están hechos para complacer, no son meras obras decorativas. Son miradas que unas veces intimidan y otras sobrecogen, pero yo no quiero pintar de otra manera.

 

No soy una persona triste, quienes me conocen lo saben, sin embargo mis pinturas, sobre todo las miradas, lo son. Cuando me pongo delante del caballete sé que estoy invocando  a mis fantasmas íntimos,  y si alguna vez intento plasmar un rostro afable y una mirada candorosa los pinceles no me obedecen, se rebelan y siempre terminan saliéndose con la suya. Es una  batalla que de antemano sé que tengo perdida. Una de tantas.

 "El desencanto" ©Pilar Aguarón Ezpeleta

Título: El desencanto, 1985

Óleo sobre lienzo. de la serie "ojos que miran"  Tamaño: 82 x 100

Pilar Aguarón Ezpeleta también pinta, además de escribir o ser promotora de actividades culturales.
Su pincelada es firme, casi dura, pero lo que expresa con ella está plagado de sensibilidad. En sus retratos, Pilar mira al fondo del alma del personaje, y es eso lo que muestra al espectador, al que le sirve una directa mirada a los ojos del retratado para abismarse en su personalidad, pues Pilar ha sabido dejarla patente.

 

Los paisajes hechos a trazos rápidos y colores brillantes y luminosos, reflejan tierras que hay imaginar. Son lugares para perderse, naturalezas vacías de aditamentos y , sin embargo, plenas de energía vital.

 

Pilar Aguarón Ezpeleta retrata y se retrata, arrebata cuando obliga a fijarse en esos ojos magnéticos, a través de los cuales descubrimos sus puntos de interés, el foco de su atención.

 

La artista deja su huella en cuanta hace, se muestra, de forma más o menos velada, en cada obra. Pilar se abre con generosidad, regala imágenes, para perderse en ellas, ojos en los que verse espejado.

María Dubón, © 2016

 

No es la pintura de Pilar Aguarón convencional, ni comercial. Pinta a golpes doloridos,  pinta como si gritase, como si, incapaz de alzar la voz, se valiese de sus pinceles para rechazar lo terrible, lo absurdo, lo desesperanzado, la cotidiana tragedia en la que no reparamos porque nos encontramos inmersos en ella.

No es sin embargo su pintura la dócil aceptación de la tristeza, esas obsesionantes mujeres que desde el lienzo nos preguntan, nos acunan, nos provocan, son un gran grito de  rebeldía  

Luisa Llagostera, © 1983

Creo que el sumergirse en sí mismo, viviendo y reviviendo todo lo que se lleva dentro, es el génesis, que como un volcán, sirve para que después podamos lanzar al viento todo ese poder que en la entraña se crece y después se ofrece a los que quieren gustar.

Por eso Pilar pertenece a esa extraña raza de los artistas de autenticidad que de cerca y de lejos desean dar, amar y hacer de la vida para sí y para todos los que comulgamos con estas ruedas de sensibilidad a flor de piel, a pesar de los "pedruscos" que día a día pretenden amordazarnos con la bazofia de sus almibarados excrementos.

Francisco Benesat© 1988

En las panorámicas de Pilar Aguarón, el buen oficio se manifiesta en la ligeraza y soltura de su ejecución. Su interpretación de una temática clásica, en la que destaca el tratamiento de acusada plasticidad concedido a rostros en primeros planos, con preferencia femeninos, en un intento de profundizar en la peripecia humana de sus modelos, se desenvuelve dentro de unos parámetros en extremo convincentes, quedando en estas introspecciones justificadas en todo momento la sensibilidad y reciedumbre de esta autora. 

Jaime Esain, ©1990

 

No están hechas sus pinturas para complacer a nadie, ni para limitarlas a decorar paredes. Estas mujeres, siempre mujeres solas, que nos miran desde el lienzo y a veces parece que nos acorralan e intimidad, van más allá de la simple anécdota, de lo circunstancial, de lo anodino y pasajero; nos obligan a hacer un alto y a reflexionar sobre nosotros mismos y ese es precisamente el fin último al que debe aspirar todo artista... y Pilar Aguarón lo es sin duda alguna.

Claro que la fuerza de estas obras son consecuencia natural de la rica personalidad de su autora, de su innegable atractivo y hasta me atrevo a afirmar, del magnetismo que esta mujer hermosa derrocha en todos sus actos.

Criatura de contrastes, víctima a veces de su profunda sensibilidad, solitaria, rebelde y huidiza, ajena a casi todo cuanto le rodea; nada contra corriente en un mundo que ni comprende ni la comprende. Difícil tarea esta de luchar contra los molinos, pero ella está de acuerdo conmigo en que lo importante, lo fundamental, consiste en no traicionarse nunca

Hans Dreschler, ©1987

 

Hubo en aquel tiempo una artista que pintaba los ojos: La mirada melancólica, los ojos repletos de tristeza, miradas serenas, miradas profundas, miradas... ojos... Creo que su nombre era Pilar; podría olvidar algún día hasta su nombre, pero jamás los ojos que pintaba.

Kepa Urriberri©2012

 

 

Los paisajes que pinta Aguarón nos atrapan por su fuerza vital,  son trazos enérgicos, grandes pinceladas, tierras sin sombra y sin gente, extensiones de verdes, amarillos, ocres y pardos. Primavera en Aragón. Esta autora ve a su tierra vital y con futuro. Campos sin labrar pero no yermos, naturaleza que fluye, que nos da vida.

Simone J Guiu

 (Arte y artistas)©2002

 

Sus rostros, sus miradas, su pintura nos acaricia con una insospechada sensualidad. Hay en sus trazos inquietudes íntimas, líricas, que no logran ser desplazadas por la sobriedad de la composición. Contemplar sus cuadros es una invitación a penetrar en una tierra interior, un trozo de su alma desmesurada y tumultuosa que vierte el vértigo poético en el difícil arte del retrato.

Es una pintura que hechiza, frente a la que el lenguaje falla para expresar la emoción contenida, el relámpago claro y frío con que enmascara tanta vida, tanta pasión que tiene cabida en paisajes y desnudos, en rostros y miradas. Frente a ella no puedo sino decir:  “Me ha fascinado”. 

Su pintura nada tiene de solemne, pero tampoco de trivial, es pensamiento acariciado, sensibilidad, dulzura, abismo del pincel que representa y crea una realidad carnal, rostros que nos contemplan con la certeza de saberse más humanos que nosotros, espectadores del milagro de la pintura.    

Eduardo de Benito ©2005 

 

Pilar es capaz de pintar o de escribir con la misma facilidad y capacidad, trasmitiendo en cada disciplina un mensaje que no guarda dudas por su sencilla concreción. Nada queda a la especulación sobre sus propios motivos para crear. Dice lo que siente y pinta lo que sueña. Como diría ella, -quien quiera peces que se moje el culo-. En su pintura aporta variedad de emociones, extrayendo de las miradas, fondos infinitos o del cuerpo desnudo, escorzos de presencia y ausencias reclamadas. El paisaje se le viste en los ojos con trajes de circunstancia y en el retrato, su mano saluda al retratado con la misma ternura de un abrazo.

 

Eugenio Mateo Otto    ©abril 2010

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