Españoles bajo el fuego
Crónica
de Gervasio Sánchez,
Gervasio
Sánchez, único periodista español que se encontraba en el cuartel de Nayaf,
vivió de cerca el ataque cometido ayer por parte de radicales chiitas. En el
tiroteo no hubo bajas españolas, pero murieron un soldado de EEUU, otro
salvadoreño, y al menos 20 manifestantes.
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Soldados españoles apuntan hacia los atacantes, Fotógrafo:
GERVASIO SÁNCHEZ |
Todo comienza con una frase. "Nos están
atacando desde el exterior". A los pocos minutos, los soldados españoles
ya han tomado posiciones. También se han desplegado los hondureños y salvadoreños.
Los Rambos estadounidenses encargados de la seguridad de la sede del Gobierno de
ocupación, que se encuentra en un edificio aledaño, ya están en los tejados y
disparan sin respirar sus ametralladoras pesadas M2.
Al menos un centenar de miembros del Ejército de Al Mahdi, vinculado al imán
radical Murtada Al Sadr, se han infiltrado en una manifestación que protesta
por la detención de un clérigo y están disparando sus fusiles contra el
acuartelamiento.
El coronel Alberto Asarta, natural de Zaragoza, segundo jefe de la Brigada Plus
Ultra y máxima autoridad en el cuartel de Nayaf, cruza el patio hacia su puesto
de mando. El teniente coronel Cabezas, con años de experiencia en misiones de
paz, ordena a sus hombres ocupar sus posiciones y corre hacia el edificio del
Gobierno de la coalición.
Varios soldados de la unidad sanitaria muestran unos rostros sombríos. Llegaron
hace una semana y les cuesta entender lo que está pasando. Tampoco son los únicos.
En la primera media hora nadie es capaz de explicar qué ocurre, mientras el
fuego indiscriminado impide mantener una conversación. Miles de balas vuelan de
un lado a otro en busca de sus víctimas.
"Para nosotros esto es una fiesta", dice un traductor en un excelente
español. "Estamos tan acostumbrados a la guerra que la vemos con
naturalidad", comenta un compañero a modo de disculpa. Es posible que haya
visto que todos los presentes no están para celebraciones. Todo es un decir,
porque sí parece que les guste combatir a los Rambos estadounidenses, histéricos,
excitados por el fragor de la batalla. En los primeros minutos han disparado
decenas de cargadores. Y corren por las escaleras en busca de más munición,
gritando como si estuvieran poseídos por la droga de la guerra.
Primeras bajas
Un
francotirador ocupa una posición estratégica en la azotea del hospital de
Nayaf, el edificio más alto de la ciudad santa y vecino de la base militar, y
está disparando con gran precisión contra los tejados ocupados por decenas de
soldados centroamericanos y estadounidenses, encargados de la seguridad. Desde
una posición más elevada, comienza a hacer estragos. Parece el tiro al pato de
una atracción de feria. En un santiamén alcanza mortalmente a un
estadounidense, hiere a otro y le atraviesa la cara a un salvadoreño.
Los ímpetus bélicos suelen desinflarse en las guerras cuando la sangre empieza
a correr. La primera hora bajo el fuego transcurre como un suspiro. Ni un
segundo han dejado de ladrar las ametralladoras y los cañones. Un oficial
estadounidense anuncia que 700 soldados vienen en camino. A los pocos minutos se
desdice: "Nosotros no queremos intervenir. Debe ser la división
multinacional la encargada de repeler este ataque". La confusión continua
cuando alguien dice que los atacantes son 700.
Varios blindados españoles se dirigen hacia la entrada de la base. Separados
por una treintena de metros, disparan sus cañones en formación hacia las
posiciones de los atacantes.
El comandante Manuel Busquier mantiene la calma mientras habla con Diwaniya.
"No hay ninguna baja española", confirma a este enviado especial cada
media hora, la frase más veces pronunciada en la Cadena Ser durante toda la mañana
en las continuas entradas en directo, en medio de un increíble tiroteo que hace
inaudible las preguntas desde el otro lado del teléfono.
A medida que van corriendo los minutos, circulan las primeras cifras de muertos
y heridos. Las cadenas de televisión hablan de cuatro muertos y 40 heridos
entre los manifestantes.
La principal preocupación en la base española es saber qué ha ocurrido en el
cuartel general de la Defensa Civil Iraquí, situado a unos 700 metros de
distancia y protegido por una sección salvadoreña del Batallón Cuscultlán, y
donde también se está combatiendo. Los soldados han sido rodeados y pronto una
columna de humo comienza a elevarse.
Dos aviones de combate estadounidenses sobrevuelan la zona. Un oficial de
transmisiones advierte de que va a bombardear. ¿Pero qué es lo que van a
bombardear? Porque enfrente sólo hay pequeñas casas de tres pisos. Un
comandante español explica a sus hombres: "Cuando estallen las bombas,
todos al suelo". Algunos miran desconcertados.
Pero aunque los vuelos de los aviones son cada vez a menor altura no se produce
el esperado ataque. Ahora les toca el turno a dos helicópteros Apache. Desde la
terraza ocupada por los Rambos se oyen gritos de alegría. A baja altura, los
artilleros comienzan a descargar sus ametralladoras contra una zona plagada de
casas.
La frustración hace mella en los españoles. "Habíamos realizado un buen
trabajo durante los ocho meses que llevamos aquí. Teníamos buenas relaciones
con todos los grupos políticos y religiosos", explica un comandante. Y de
repente todo se desmorona. Porque a partir de mañana (hoy para lector) nada será
igual en Nayaf.
Sin comerlo ni beberlo, el contingente español se ha dado de bruces con lo más
detestable de la guerra. Minutos antes del comienzo del ataque, el coronel
Asarta estaba contando que sus soldados no habían sido los responsables de la
detención del imán Mustafa Al Yurabi, ocurrida el viernes por la noche. El sábado
había explicado por activa y pasiva que fuerzas especiales de la coalición
llegadas desde Bagdad habían detenido al imán y lo habían trasladado a la
capital para interrogarlo. Oficiales españoles hablaron con varios clérigos
que encabezaban una manifestación pacífica que se acercó el sábado por la
tarde hasta las puertas del acuartelamiento.
Desinformación
Treinta
y seis horas después del arresto, sus responsables, posiblemente soldados de
las fuerzas especiales estadounidenses, no habían informado al general
Fulgencio Coll, jefe de la Brigada Plus Ultra, a pesar de que el incidente había
ocurrido en la zona bajo su control. Algunos soldados españoles no pueden
ocultar su malestar con el comportamiento de los estadounidenses. "Nos
causan más problemas que ayuda", explica un capitán. Antes de hacerse
cargo la Brigada Plus Ultra de la provincia de Nayaf, soldados estadounidenses
habían utilizado métodos expeditos contra manifestantes, matando al menos a
dos durante el mes de julio.
El intercambio de disparos comienza a remitir a las tres horas. Salvadoreños y
españoles han batido una zona de campo que hay en el interior de la base y han
conseguido controlar todo el perímetro. Dos soldados extranjeros -un salvadoreño
y un estadounidense-, han muerto y al menos 13 han sido heridos. En el otro
lado, 20 personas, entre los que hay, al menos, nueve miembros del grupo
atacante, han muerto y otras 180 han sido heridas, incluidos niños y mujeres.
En la azotea de la delegación del Gobierno ocupante, casquillos de proyectiles
usados están bañados en la sangre de los heridos. Varios militares de
distintas nacionalidades se mantienen a cubierto de posibles francotiradores
mientras ríen las gracias y piruetas de los Rambos, felices como niños después
del combate. Varios helicópteros seguirán sobrevolando el aérea hasta el
anochecer.