Tus
mil nombres
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©Anabel
Consejo Pano
Ni
siquiera tu verdadero nombre. No
quiero saberlo. Prefiero
improvisarlo cada vez que mi piel
te invoque. Conocer de ti lo que
me hace vibrar es lo único que
necesito saber.
Revivir
la imagen de tu cuerpo desnudo
exigiéndome los gemidos de
pasión que pago gustosa sabiendo
que tus manos van a encontrarme en
cada poro, en cada curva y
pliegue. Estallar una y mil veces
en ti, por ti, para ti, contigo.
Recordar
el color de tus ojos que son mi
cielo cuando me cubres; tu voz que
electriza el vello de mi cuello;
tu lengua exquisita que se lleva
lo mejor de mí; tus pies que no
se extravían en el camino del
deseo.
Imaginar
tus nombres en las noches
solitarias, cuando los libros ya
no acompañan y la almohada cambia
de textura con tu aliento mágico,
cuando desde la distancia de las
nubes me posees.
Te
contaré los dientes, las
pestañas y los cabellos, esos
serán los únicos números que
guardaré de ti, los únicos datos
que apuntaré en mi agenda al lado
de la dirección de tu nuca. Tanto
da que seas poeta o barrendero,
militar o mecánico, eres un
hombre.
Nada
más quiero saber de ti.
Y
al irte, no hagas ruido ni cierres
la ventana, deja que, en la
duermevela, la brisa me obligue a
encontrar tu calor impregnado aún
en las sábanas de mi lecho.
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