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  Los micro relatos de Pilar Aguarón   

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Tratado sobre la sabiduría

Cuando el rector llamó a Sofía a su despacho la joven se  sintió confusa, cursaba segundo curso de Filosofía y una llamada como esa era poco habitual.

El rector Moragas la invitó a sentarse y sin preámbulos le dijo

- ¿Usted era sobrina de D. Damián Cáceres, verdad?.

  - Sí, además era mi padrino.

  - Pues ya sabrá que a su muerte, hace ya cinco años,  donó a esta Universidad los fondos de su magnífica biblioteca.

  - Sí, lo sé .

  - Pues verá –titubeó el rector- durante este tiempo hemos estado catalogando el valioso legado y realmente esta Universidad tiene una gran deuda con él y  por ello hemos considerado que hay algo que debe ser devuelto a la familia y ya que su esposa también falleció y no tenía hijos... mientras hablaba le fue acercando una voluminosa carpeta marrón, sujeta con gomas en donde con tinta azul y de puño y letra del propio Damián Cáceres se leía "Tratado sobre la sabiduría" 

- ¡Santo cielo, es el "Tratado"!, exclamó Sofía.

- ¿Usted había visto esta carpeta antes? Inquirió el rector.

- No, de niña oí hablar del "Tratado" muchas veces, pero la verdad es que nunca lo había visto, el tío se pasó los últimos años trabajando en él, su gran obra.

- ¿Entonces no sabe lo que contiene?.

- Pues no.

- Puede echar un vistazo, si quiere. 

Sofía deslizó las gomas y abrió la carpeta, miró en silencio el contenido y en voz baja preguntó al rector 

- ¿Esto es todo?.

- Sí eso es todo, por eso creemos que lo más conveniente es que sea devuelto a la familia, puede llevárselo.

    - Sí, muchas gracias, en nombre de mi familia muchas gracias.

 

Mientras descendía por la gran escalera blanca con la gruesa carpeta entre sus brazos, sus recuerdos la llevaron 12 años atrás. A Sofía siempre le dio un poco de miedo el tío Damián,  bueno en realidad  era el marido de la tía Carmen, hermana de su abuela. El tío Damián y la tía Carmen fueron sus padrinos en el  bautismo y fue él quien le eligió el nombre:

 

    - Sofía, quiere decir sabiduría, ¿lo sabes nena? , y claro que lo sabía no en vano se lo decía cada vez que la veía.

 

Y la nena pensaba que vaya lata tener que estar a la altura de su dichoso nombre y  entonces  se imaginaba a sí misma cuando fuera mayor,  rodeada de los libros y legajos que el viejo gruñón tenía en su enorme biblioteca, repleta de estanterías de madera atestadas de libros con los lomos gastados de tanto usarlos.

 

El tío Damián desde que se jubiló de su cátedra de filosofía se pasaba las horas muertas encerrado y trabajando en su "Tratado sobre la Sabiduría",  será su gran obra, decía la tía Carmen, porque tu padrino es un sabio ¿sabes nena? y Sofía asentía convencida de que efectivamente lo era. La tía Carmen siempre hablaba de su marido con el embeleso de una recién casada, a pesar de llevar más de cincuenta años junto a él.

 

En aquellos años  la madre de Sofía la llevaba casi a rastras y  cada dos semanas a merendar a casa de los padrinos,  mientras su padre y su hermano Braulio estaban en el fútbol,

-¿Papá este domingo hay fútbol? , preguntaba Sofía.

- Sí nena, y a ti te toca chocolatada y el tratado sobre la sabiduría, bromeaba.

 

De nada le servía refunfuñar y el domingo a media tarde su padre las dejaba junto al portal de los padrinos de camino al estadio. Para entonces la tía  Carmen ya tenía preparada la mesa camilla con el mantel de hilo y  los pocillos de porcelana blancos. El tío Damián al olor del  chocolate y los picatostes recién fritos abría la puerta de la biblioteca y se sentaba junto a las tres mujeres. Debía tener por entonces unos 80 años y unos ojillos claros y picaros que desentonaban con la fama de ogro que arrastraba desde siempre y que a él le gustaba alimentar.

 

Ahora una docena de años después y con la carpeta entre sus brazos se sintió más cerca que nunca de aquel viejo gruñón. Hacía frío, se ajustó la bufanda y atravesó el campus sonriendo.

 

Cuando llegó a su casa le pidió a Mateo, su portero, que le permitiera echar a la caldera de la calefacción aquellos papeles. Quitó las gomas y  fue arrojando poco a poco a las llamas el contenido del cartapacio, Mateo azuzaba el fuego y extendía los papeles con una larga horquilla de hierro. 

 

-  ¿Todo son fotos y recortes de la Sofía Loren o qué? preguntó el hombre.

- Sí, todo, respondió la joven y añadió

- Oye ¿Tú sabías que Sofía quiere decir sabiduría? y sonrió con una alegría que Mateo no entendió.

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