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La nunca contada historia de Juan Irineo
Que
nadie espere que les cuente la
historia fatal del hacendado Juan Irineo, aunque yo tengo muchas cosas que contar
sobre él, sé cosas que ni sus
propios hijos conocen, tantas como si por sus
venas hubiera corrido mi propia
sangre.
De niños compartimos vivencias,
juegos y peleas, entonces era un
chiquillo prudente y un tanto esquivo,
poco soñador, siempre apegado a las
cosas materiales, convencido de que el
dinero lo compraba todo.
Irineo
no escuchaba a nadie o al menos nunca
quiso escuchar mis consejos, sólo
me dejó ser testigo del ocaso de su
desbaratada existencia y de cómo
terminó vencido por la
hipocresía, la codicia y la lascivia.
Cierto
es que llegó a acumular grandes
riquezas materiales, pero no le
sirvieron de mucho, nunca tuvo un verdadero hogar, sólo
se compró casas, no consiguió
tener felicidad, ni paz interior, ni sabiduría, ni
tan siquiera pudo comprar su salud.
Murió
un domingo de abril de madrugada y
apenas tres años después las dos
mujeres que compartieron su vida, en un triángulo
impúdico y consentido, repudiaban públicamente
su nombre y hasta
su recuerdo.
Poco
bagaje dejó el desdichado que merezca
la pena ser recordado, dinero,
haciendas y la simiente de la avaricia
fertilizando en sus hijos.
Así
que nadie espere que les cuente esta
infeliz historia, las muchas cosas
que sé de Juan Irinero
las callaré para siempre.
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©Pilar Aguarón Ezpeleta
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