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Sueños
de papel
Lo
veo cada tarde en el "Café del
Sur", después de la comida. Debe
tener unos cuarenta años, va
trajeado, bien vestido, siempre está
solo, sentado en la mesa del
rincón, con su café sin
empezar y el cenicero atiborrado de
cigarrillos apagados a medio fumar.
Se
pasa el tiempo dibujando
cicurlitos con su cigarro en el fondo
del cenicero, con la mirada absorta en
el movimiento de su mano. Algunas
veces
se para, saca un bolígrafo
del bolsillo de su chaqueta y escribe
algo en una
servilleta de papel,
mira al techo como intentando
encontrar la palabra adecuada, otras
veces niega con la cabeza y tacha con
rabia lo ya escrito, cuando termina
dobla la servilleta
con cuidado
y la guarda en el
bolsillo exterior de su portafolios de
piel marrón.
Hoy
lo he visto con el semblante triste,
preocupado,
hablando con la camarera, frotándose
las manos, nervioso,
se lamentaba de haber perdido
la cartera:
-Había
escrito mi vida en esos papeles, ha
dicho, y los he perdido y lo peor es
que ya no recuerdo lo que decían, ya
no recuerdo lo que
soñé, pero lo había
escrito-.
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©Pilar Aguarón Ezpeleta
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