Un
día cualquiera
(fragmento de la novela: "Boceto
para un retrato")
Un
día cualquiera, de un año
cualquiera, volverás, lo sé.
Y ese día volveré a
hablarte mirándote a los ojos,
como si no te hubieras marchado
jamás, y
te contaré historias
de gentes que no conoces y de las
calles que nunca hemos paseado
juntos y luego te preguntaré si
en Lisboa subiste al tranvía 28,
como yo te sugerí el día que te
fuiste y sonreirás sin
responderme y yo entenderé que sí,
aunque jamás lo hayas hecho,
aunque nunca me lo digas.
Entonces sentados frente a frente,
en la vieja cafetería dónde nos
vimos por primera vez, volveremos
a contarnos las mismas cosas de
siempre; me hablarás de tus
perpetuos viajes que siempre te
alejan de mí,
de los fríos amaneceres en
la
Bahía de Hudson, o de las
interminables noches azules
junto al lago Baljash, en
Asia Central.
Yo
te hablaré, sin pudor alguno, de
mi imperecedero amor por ti y tú
me hablarás de la vida y
mencionarás, estoy segura, las
estrellas que según tú aún
iluminan mis ojos y por no
callarnos terminaremos
divagando sobre los viejos
libros que ya casi tenemos
olvidados, y por fin nos pondremos
de acuerdo al ponderar, como Don
Quijote, que
la libertad es el más grande
de los dones que al hombre al
cielo ha dado.
Y
ese día, por lo que digan tus
palabras y las mías, por lo que expresen nuestros silencios y
nuestras miradas, entenderemos
que, a pesar de todo, son tantas
las cosas que nos unen,
que tendremos la clara
sensación de no haber
desperdiciado la vida, y de saber
que formamos parte el uno del otro,
en una perfecta y desoladora
conformidad.
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©Pilar Aguarón Ezpeleta
28 de febrero 2009