Ego, yo, mi, me, conmigo…

Iñigo Ocaña

 

Pilar  es capaz de expresarlo todo en un lienzo, en una mirada, en una frase.
¿Nosotros seremos capaces de entenderlo? ¿Seremos capaces de mirar esos lienzos y de mirarnos, luego, a nosotros mismos?
Porque Pilar traza la vida con pluma y pinceladas valientes, no cede, no retrocede y sobre todo no se esconde. Porque ella es como pinta, porque ella es como escribe.

Iñigo Ocaña.©2011

 

 

 

Eduardo Salavera

 

 

Tus miradas te persiguen, te las llevas puestas. Eres pintora fuerte, profunda, humana psicóloga. Artista.

Eduardo Salavera ©2011

 

 

Angélica Morales

 

Tus cuadros, esas miradas íntimas y luminosas son un atrevimiento celestial.

Angélica Morales ©2011

 

María Otal

 

A veces los paisajes dibujan los caminos del alma…A veces los ojos, son tan claros como las miradas que tienen tus cuadros. Tú misma.
María Otal, © 2011

 

Berta Lombán

 

 

En tu pintura veo la fuerza de tu personalidad.

Berta Lombán ©2011

 

Francisco Benesat

Creo que el sumergirse en sí mismo, viviendo y reviviendo todo lo que se lleva dentro, es el génesis, que como un volcán, sirve para que después podamos lanzar al viento todo ese poder que en la entraña se crece y después se ofrece a los que quieren gustar.

Por eso Pilar pertenece a esa extraña raza de los artistas de autenticidad que de cerca y de lejos desean dar, amar y hacer de la vida para sí y para todos los que comulgamos con estas ruedas de sensibilidad a flor de piel, a pesar de los «pedruscos» que día a día pretenden amordazarnos con la bazofia de sus almibarados excrementos.

Francisco Benesat ©1988

María Dubón

 

 

Pilar Aguarón Ezpeleta también pinta, además de escribir o ser promotora de actividades culturales.
Su pincelada es firme, casi dura, pero lo que expresa con ella está plagado de sensibilidad. En sus retratos, Pilar mira al fondo del alma del personaje, y es eso lo que muestra al espectador, al que le sirve una directa mirada a los ojos del retratado para abismarse en su personalidad, pues Pilar ha sabido dejarla patente.
Los paisajes hechos a trazos rápidos y colores brillantes y luminosos, reflejan tierras que hay imaginar. Son lugares para perderse, naturalezas vacías de aditamentos y , sin embargo, plenas de energía vital.
Pilar Aguarón Ezpeleta retrata y se retrata, arrebata cuando obliga a fijarse en esos ojos magnéticos, a través de los cuales descubrimos sus puntos de interés, el foco de su atención.
La artista deja su huella en cuanta hace, se muestra, de forma más o menos velada, en cada obra. Pilar se abre con generosidad, regala imágenes, para perderse en ellas, ojos en los que verse espejado.
María Dubón, © 2016

 

Fernando Ainsa

Se inscribe así en una tradición paisajística aragonesa donde las acuare- las y los “campos” de Virgilio Albiac (1912–2011), las perspectivas de los Monegros de Martín Ruíz Anglada (1929-2001), las planicies invernales os- censes de José Beulas, la abstracción de “la memoria rota” de José Luís La- sala y algunos paisajes turolenses de Joaquin Escuder y, sobre todo, el mo- numental “Gran paisaje (Aragón)”, abierto desde la rocosidad del primer plano a un distante panorama montañoso de Francisco Domingo Marqués (1842–1920), han fundado una tradición hecha de adusto despojamien- to. Lejos de la vegetación frondosa y colorida de Pepe González Mas y de todo pintoresquismo costumbrista y de los pueblos arque picos y los cli- chés exóticos de tantos pintores que han recorrido Aragón pincel y caba- llete en mano, Aguarón nos propone una visión descarnada de perspectivas planas, a ras de un suelo inhóspito donde descubrir lo infinito en lo fi- nito. No hay presencia humana, no se percibe la silueta de un pueblo lejano, apenas hay algunos árboles que pueden adivinarse en lontananza creciendo en un punto húmero, no hay espacio amenazado que pudiera justificar una reivindicación ecologista, sólo páramo de matorrales y hierbas de secano.

©Fernando Aisa,  párrafo del ensayo: La naturaleza despojada en los paisajes de Pilar Aguarón.

 

Luisa Llagostera

 

 

No es la pintura de Pilar Aguarón convencional, ni comercial. Pinta a golpes doloridos, pinta como si gritase, como si, incapaz de alzar la voz, se valiese de sus pinceles para rechazar lo terrible, lo absurdo, lo desesperanzado, la cotidiana tragedia en la que no reparamos porque nos encontramos inmersos en ella.

No es sin embargo su pintura la dócil aceptación de la tristeza, esas obsesionantes mujeres que desde el lienzo nos preguntan, nos acunan, nos provocan, son un gran grito de rebeldía

Luisa Llagostera ©1983

Hans Dreschler

 

No están hechas sus pinturas para complacer a nadie, ni para limitarlas a decorar paredes. Estas mujeres, siempre mujeres solas, que nos miran desde el lienzo y a veces parece que nos acorralan e intimidad, van más allá de la simple anécdota, de lo circunstancial, de lo anodino y pasajero; nos obligan a hacer un alto y a reflexionar sobre nosotros mismos y ese es precisamente el fin último al que debe aspirar todo artista… y Pilar Aguarón lo es sin duda alguna.

Claro que la fuerza de estas obras son consecuencia natural de la rica personalidad de su autora, de su innegable atractivo y hasta me atrevo a afirmar, del magnetismo que esta mujer hermosa derrocha en todos sus actos.

Criatura de contrastes, víctima a veces de su profunda sensibilidad, solitaria, rebelde y huidiza, ajena a casi todo cuanto le rodea; nada contra corriente en un mundo que ni comprende ni la comprende. Difícil tarea esta de luchar contra los molinos, pero ella está de acuerdo conmigo en que lo importante, lo fundamental, consiste en no traicionarse nunca

Hans Dreschler ©1987

Jaime Esain

En las panorámicas de Pilar Aguarón, el buen oficio se manifiesta en la ligeraza y soltura de su ejecución. Su interpretación de una temática clásica, en la que destaca el tratamiento de acusada plasticidad concedido a rostros en primeros planos, con preferencia femeninos, en un intento de profundizar en la peripecia humana de sus modelos, se desenvuelve dentro de unos parámetros en extremo convincentes, quedando en estas introspecciones justificadas en todo momento la sensibilidad y reciedumbre de esta autora.

Jaime Esain ©1990

Arte y Artistas

Los paisajes que pinta Aguarón nos atrapan por su fuerza vital, son trazos enérgicos, grandes pinceladas, tierras sin sombra y sin gente, extensiones de verdes, amarillos, ocres y pardos. Primavera en Aragón. Esta autora ve a su tierra vital y con futuro. Campos sin labrar pero no yermos, naturaleza que fluye, que nos da vida.

Arte y Artistas ©2002

Kepa Urriberri

 

Hubo en aquel tiempo una artista que pintaba los ojos: La mirada melancólica, los ojos repletos de tristeza, miradas serenas, miradas profundas, miradas… ojos… Creo que su nombre era Pilar; podría olvidar algún día hasta su nombre, pero jamás los ojos que pintaba.

Kepa Urriberri ©2012

Eduardo de Benito

Sus rostros, sus miradas, su pintura nos acaricia con una insospechada sensualidad. Hay en sus trazos inquietudes íntimas, líricas, que no logran ser desplazadas por la sobriedad de la composición. Contemplar sus cuadros es una invitación a penetrar en una tierra interior, un trozo de su alma desmesurada y tumultuosa que vierte el vértigo poético en el difícil arte del retrato.

Es una pintura que hechiza, frente a la que el lenguaje falla para expresar la emoción contenida, el relámpago claro y frío con que enmascara tanta vida, tanta pasión que tiene cabida en paisajes y desnudos, en rostros y miradas. Frente a ella no puedo sino decir: “Me ha fascinado”.

Su pintura nada tiene de solemne, pero tampoco de trivial, es pensamiento acariciado, sensibilidad, dulzura, abismo del pincel que representa y crea una realidad carnal, rostros que nos contemplan con la certeza de saberse más humanos que nosotros, espectadores del milagro de la pintura.

Eduardo de Benito ©2005

Eugenio Mateo Otto

Pilar es capaz de pintar o de escribir con la misma facilidad y capacidad, trasmitiendo en cada disciplina un mensaje que no guarda dudas por su sencilla concreción. Nada queda a la especulación sobre sus propios motivos para crear. Dice lo que siente y pinta lo que sueña. Como diría ella, -quien quiera peces que se moje el culo-. En su pintura aporta variedad de emociones, extrayendo de las miradas, fondos infinitos o del cuerpo desnudo, escorzos de presencia y ausencias reclamadas. El paisaje se le viste en los ojos con trajes de circunstancia y en el retrato, su mano saluda al retratado con la misma ternura de un abrazo.

Eugenio Mateo Otto ©2010

Carmen Aliaga

Pilar Aguaron Ezpeleta maneja el pincel y la pluma en una misma dirección, hacia la fortaleza, el ímpetu, la renovación.Todo late, crece, estalla…y el trigo, como el corazón amarillo de la palabra, nos recuerda que, pese a todo, seguimos vivos.

Carmen Aliaga ©2017

               …A Pilar Aguarón
En el poemario Vórtice
© María Otal.2014 

Ahora piensa en él.
Rabiosamente intensa,
su piel dormida, dispuesta
entre los pliegues del entrecejo,
analizando el espacio en blanco
y la hora, que se acelera
irremediablemente.

El tiempo pasa pero no avanza.

Ahora piensa en sí misma,
en sus manos desprendidas
fugitivas de colores,
en sus labios fugaces, mudos,
de apretada postura,
en su campo de batalla
impoluto de heridas insalvables.

La hora sigue su legítima marcha.

Comienza un rodeo de ocres,
una fatiga de imaginarios gigantes
que aterrizan, uno a uno,
en un lugar expreso del lienzo.
Esos ojos o, las manos estrepitosas,
dejan paso al relax del otoño
dónde los sueños vagan
convaleciendo sus males.
Ya no piensa, ahora admite vivir.

En sus ojos hay luz ambarina
y una estrella palpita en su frente
cuando dejan, sus manos,
definida su obra
y una pluma, adivina sin pausa,
el rubor que destila
y se impregna en el aire.

Ni el reloj, ni la hora, ni el tiempo
tienen importancia…
¡Ha nacido de la nada, su obra de arte!

A Pilar Aguarón Ezpeleta, por ésa complicidad y ese compartir sin más.

©María Otal.  Calatayud 1 de julio 2013 

Me gustaban sus manos
cuando hablaba del Cid,
de los suevos, o del reloj
que corona la torre mudéjar.

Las palabras volaban a sus dedos
que pirueteaban en el aire
como pieza de ballet
ejecutada magistralmente…
mis ojos , golosos, las miraban
imantados de tan grácil aleteo.

Su sensualidad la transmitían sus manos
y en un minuto tonto, o quizás más,
las sentí en la piel
dulzona de mi pecho,
jugando a ser caricia…

Ensoñación instantánea
que me dejo el rostro rojo
y una sonrisa imperceptible.

Me gustaban sus manos, obviamente
después, me enamoraron.

 

Alas azules

Para mi amiga Pilar, que sigue en su nube

                      ©Anabel Consejo Pano

Viajera aérea,
alas azules y corazón blanco,
caudalosa como el Ebro
tenaz y capaz,
mujer escritora de retazos de vida ,
pasión sobre tres estrellas de ocho puntas,
se regala a los amigos
entre salto de nube a nube
y tiro porque ya me tocaba…
No pares de escribir, no pares de volar
que yo vuelo contigo

Un regalo para Pilar

©David S.
30 de agosto de 2007

Ella es un espíritu libre,
Con un video que no funciona
graba la vida a pincelada limpia,
con relatos que encogen el alma
elimina espacios muertos mal nacidos.
Mi efímera sentimental
Se asoma por esta ventana cuando quiere
Y cuando no, la cierra de repente.
Libre como el viento y el verano.
Ella, efímera y real,
interminable
Diga lo que diga el calendario

Y las lágrimas.

Trazos
a Pilar Aguarón Ezpeleta
©Rosa Montolío Catalán.2017

Acarician las yemas de mis dedos de viento
volando entre paisajes.
Salen del alma: fuertes
Soledades marcan la estancia de colores.
Montaña. Primaveras.
Nieve.
Sin seres
Atrapan las brumas: formas
Casas. Desnudas. Pasajeras. Se quedan
Jeans, se presentan, en jóvenes
Retratos de voces, de más trazos, de arte.
Ojos penetrantes
Hieren. Golpean a un corazón que late.
La belleza del enigma.
Palpita entre
rojizos amarillos,
azulados grises, blancos verdes.

a Pilar
©Francisco Benessat

A esos ojos oscuros que miran siempre en silencio allá y muy lejos, entre las nieblas y las nubes blancas, siguen buscando, lo sé, el camino de la esperanza.
Ahora no estás, después de tanto tiempo te sigo viendo como algo que ya no se irá nunca.
No estás, agua, y mi vaso siempre vacío.
Una música en el aire, un gran silencio, una paz, un beso al viento.
Y el gran mar, cerca y lejos, como tú.
Nadar, nadar hacia adentro para olvidar lo que nunca fue…
Una rosa de oro acariciabas entre tus manos.
Y yo soñaba que me dejabas mirar tus ojos.
Algún día oiré de nuevo tu voz y volveré a tener frío y te cantaré en silencio, suave para que no te enteres de mi secreto.

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